Braun BC22

Despertarse sin tocar el teléfono. Diseño de Dieter Rams.
Braun BC22

Un reloj de mesa que da la hora y despierta. Nada más. El Braun BC22 es la actualización moderna del AB 2 que Dieter Rams diseñó en 1984: el mismo Rams que definió lo que significa "buen diseño" en diez principios que después adoptaría Apple casi sin modificar. El primero de esos principios dice que el diseño debe ser útil. El último, que el buen diseño es tan poco diseño como sea posible. El BC22 cumple ambos con la misma naturalidad con la que da las tres de la mañana: esfera limpia, tipografía clara, agujas negras con puntas luminiscentes, la icónica aguja de segundos amarilla que identifica a Braun desde hace décadas, y una silueta arqueada que lo distingue de cualquier otro reloj de la marca.

La alarma sube de volumen gradualmente —lo que Braun llama crescendo— en lugar de arrancar con un golpe de sonido. Un indicador verde aparece en la esfera cuando está activada. El snooze se acciona desde un botón en la parte superior. Y hay un detalle que importa más de lo que parece: una función de retroiluminación continua que detecta la oscuridad y enciende un resplandor cálido y tenue, lo suficiente para leer la hora sin encender nada. Se puede desactivar. Cada función existe porque alguien decidió que era necesaria, y ninguna función existe porque alguien quiso impresionar.

El movimiento de cuarzo es silencioso. La aguja de segundos se desliza en lugar de saltar, eliminando el tic-tac que convierte a la mayoría de los relojes analógicos en una presencia acústica constante. Es el tipo de decisión que no aparece en ninguna ficha técnica pero que define la experiencia de tener el objeto al lado de la cama. Un reloj de mesa que no hace ruido resuelve un problema que la mayoría de los fabricantes ni siquiera reconocen como problema. El BC22 lo resuelve porque Rams entendía que el buen diseño es minucioso hasta el último detalle —su octavo principio— y que un reloj junto a la almohada de alguien no debería competir con el silencio.

Braun lleva en la colección permanente del MoMA desde 1959. Los productos que Rams diseñó entre los años sesenta y noventa —calculadoras, radios, tocadiscos, afeitadoras, relojes— establecieron un vocabulario formal que Jonathan Ive adoptó para Apple de manera tan directa que las comparaciones visuales entre un Braun T3 y un iPod resultan casi incómodas. Pero hay una diferencia de fondo entre ambas tradiciones: Apple diseña objetos que concentran funciones hasta volverse el centro de la vida diaria. Rams diseñó objetos que hacen una sola cosa y después se retiran. Su quinto principio lo dice sin ambigüedad: el buen diseño es discreto. El BC22 es un objeto que no quiere ser el protagonista de la habitación. Quiere ser el que menos se nota.

Funciona con una pila AA. No se conecta a nada, no se sincroniza con nada, no registra el sueño ni emite luz azul. Cumple una única función y la cumple bien, lo cual en un mercado de relojes inteligentes que miden todo menos el tiempo resulta casi radical. Mide 97 por 84 milímetros. Pesa menos que un teléfono. Cuesta menos que una cena para dos y dura más que la mayoría de las cosas que se compran en un año.

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